miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un adiós

Mi padre biológico murió hace algunas semanas. Jamás lo conocí, sin embargo, nunca le guardé rencor, ni anhelo... supogo que esta sanidad mental fue producto de una infancia feliz y de que con el paso de los años he obtenido cuanta cosa me he propuesto. Nada me faltó.

Crecí con el amor del hombre más extraordinario, exótico y especial del mundo: mi abuelo. Heredé de él todo lo que hacía llamativo y mitotero, hasta su voz grave. He pasado los últimos diez años tratanto de controlar toda su herencia, aunque en el fondo sé que jamás lo conseguiré.
Chaplin jamás sustituyó a mi padre, de niña fue mi mejor amigo y desde que nací, hasta el último de sus días, me quiso más que a nadie. Me eligió a mi para morir, y yo a cambio, lo elegí a él para vivir. En todo momento lo imagino con su cara de orgullo, mirándome desde el lugar en el que está, en donde seguramente, ha instalado un sindicato de difuntos inconformes.

Aún con estas circunstancias, y pese a su lejanía, la noticia de la muerte de Ramón me tomó por sorpresa. Fue un día lento, duro, doloroso. Sin explicación alguna, no pude evitar llorar, tenía un vacío en el estómago y una presión en la cabeza. Sentí mucha necesidad de ir a la iglesia y de rezar por él. Lo hice. Fue un alivio gigante.

Cuando salíamos de misa, Gerardo me compró un elote que me recordó a mi niñez, esa en la que reí  y aprendí tanto. Reflexioné sobre la suerte que tuve y que he tenido siempre, y sobre la vida simple y a la vez llena de retos que me he decidido por tener. Me di cuenta que ese hombre jamás estuvo aquí para hacerme las cosas más complicadas, le dejó a mi madre convertirme en una soñadora disciplinada. En su ausencia conocí la ambición, el esfuerzo y la perseverancia; no recuerdo nada malo derivado de que no estuviera aquí. Comencé a suponer que eso se agradece.

Nunca quise saber más de su historia con mi madre, ella tiene un pasado y muchas historias que juzgar, olvidar o perdonar, yo no. Ni aún hoy me interesa ahondar en los detalles. Esa vida no es mía, fue de ella y de él y a mi hoy no me hace bien o mal. Menos ahora.

No sabré explicar nunca lo que me provocó la partida de quien jamás estuvo aquí, pero supongo que esa frase de "la sangre llama" es muy real. Se fue el hombre que me dio la vida, y con eso, vinieron a mí las reflexiones que jamás imaginé tener. Con eso vino un adiós, que muy en el fondo, siempre guardé.
 
Gracias por la vida y por la paz. Descansa por siempre, papá

lunes, 4 de noviembre de 2013

Fallas de origen

El amor me hace llorar: el bueno, el malo, el exitoso, el fracasado, el platónico, el propio, el ajeno… en todas sus presentaciones.
Ayer leía a una de mis autoras favoritas en un viejo post sobre un amor concluído y muy dejado atrás que me conmovió muchísimo.
Sólo por saber que yo he llegado estar ahí, o que podría volverlo a estar… sólo porque existe la posibilidad de sentir todo eso, sólo por eso lloré.
Sólo por la conciencia y el absurdo pánico a perder todo lo que tengo en este instante con él.
Sólo por la certeza de vivir más feliz que nunca y pensar en nuestro futuro con más confianza que con la que pronuncio mi propio nombre.
El amor me hace llorar... Nací para derramar esas lágrimas de vez en cuando.

martes, 16 de julio de 2013

Trueque


Hace meses que no paso por aquí. El amor tocó a mi puerta y me ha quitado todo el tiempo. En realidad yo se lo entregué. Lo puse en una cajita junto con la mitad de mi pensamientos, algunas noches de sueño y un frasco de mis lágrimas. A cambio recibí las sonrisas con las que me despierto, un block de cartas de amor escritas con fea letra y al hombre cuya mirada me enchina la piel.

Es el mejor arreglo al que he llegado en mi vida.