miércoles, 9 de febrero de 2011

Sueños que no soñé

El dia que me aburrí de amar al pasado, conocí a Antonio. Y aunque de inmediato intenté buscar en los archivos de mi memoria, me di cuenta que era inutil: definitivamente, jamás había soñado con él.

Me confié, y sin historial ni referencia, me aventuré a vivirlo. Y fue y será el romance más entrañable que llegué a tener.

Antonio no creía posible que mis preferencias profesionales podían ser una carrera universitaria. Todos los días, durante el cigarro que nos fumábamos juntos, me preguntaba por qué era tan rara. Nunca le supe responder.

Me prefería a solas, en silencio y desnuda, supongo que sólo asi podía tener absoluta certeza de mi vulnerabilidad. Le estorbaban mi entorno, mis amigos y mi realidad.

Antonio odiaba los libros, pero pudo haber escrito diez tomos de la enciclopedia del beso perfecto. No era presentable, ni atractivo, ni conversador, pero en mi inolvidable amante jamás necesité de eso.

Astuto como un zorro, muy a su manera, no recuerdo el instante en el que me llegó a dominar. Seguramente pasó entre la 3era y 4ta luna juntos, en sus brazos era imposible no caer en ese lugar común.

A él siempre le agobié, sobretodo en mis momentos de más intensidad. Y yo lo deseé tanto que prefería no pensar en eso. Jamás olvidaré la penúltima noche y la imagen de sus ojos al verme: odiándome por quien era, preguntándose cómo había llegado hasta mi.

Nos dejamos ir tan ruínmente que jamás lo contaré con detalle; esa pasión era digna de un mejor final. Antonio se fue de mi vida sin escuchar que lo amaba, y yo me quedé aquí, esperando al que soñé y que jamás llegó.

miércoles, 26 de enero de 2011

Ventanitas al futuro I: Del día que Cristina se pareció a él

He pensado que me apuré a vivir sólo para conseguir olvidarlo. Y funcionó. Trabajé mucho, besé a muchos, bebí mucho y lloré mucho. Sí, también me acosté con muchos pero ese sería un comentario anticlimático, aquí se viene a hablar de amor.

Tuve 7 empleos y me cambié 2 veces de ciudad. Me dejé crecer el pelo y cuando lo tuve suficientemente largo, lo volví a cortar, a mi edad se comienzan a hacer esas cosas, la gente hace esas cosas.

Conocí a uno mejor que él y me enamoré. Le puse el cuerno luego de 14 meses, me aburría su ser demasiado bueno.

Al cabo de las vueltas, le atiné: me volví exitosa, me consumió el trabajo pero no abandoné a mis amigos… me afiancé como la cabrona que nunca quise ser, pero me gusta, regresé al lugar del que un dia partí. De modo que sólo pasaron 6 años y medio, pero para mí se sintieron como 13.

Me despierto un dia de estos y me veo al espejo: luzco como de su edad, tengo un buen trabajo, he perdido algunos kilos, sigo soltera y no es tragedia, poseo una casa, un gato, y el coche que más me gusta.

Salgo a la calle y me topo con él.

La vida tendría que ser una broma. Me costó tanto transformarme… hice tanto para borrarlo, ¿y para qué?

Ya no es mayor que yo, hace mucho que ya no somos amigos, no dependo de él, ni él de mi, ninguno de los dos murió de amor.

Tras 6 o 13 años (no importa) las vueltas me hicieron a su medida. Justo a su medida…

Y ahora... Cuánta tentación volver.

viernes, 14 de enero de 2011

Limón y Sal

Las parejas con canciones de amor me dan un poco de envidia. Lo admito.

Siempre quise tener una canción que me recordara al escaso tiempo que pasamos felices, ¡todas las parejas la tienen! pero a mí jamás me vino a la mente alguna. De la banda que nos gusta a los dos, ni hablar, te comento que he decidido apropiármela, son demasido buenos como para que toda la vida me tengan que recordar a ti.

El caso es que no hubo canción, ni fecha de aniversario, jamás tuvimos romance, no recibí flores de ti y tus regalos siempre fueron extraños… tu poco tacto con el género femenino fue constante hasta en el último instante, cuando seguías con tu humor negro aún al despedirme de ti, llorando. Me di cuenta de eso demasiado tarde, esperé de más.

En general y para ser honesta, mi vida ha tenido demasiado pocos momentos dulces, contándote o no contándote, mi novela ha tenido más limón y sal, que miel. Lo curioso es que no creo estar sola en la tendencia.

Me explico…

Conozco mujeres, amigas cercanas, que durante meses encuentran detalles de amor en donde no los hay, confunden casualidades o distracciones con amores eternos, sobreestiman un romance que no llega ni a pequeño crush. Mujeres que creen que comparten con alguien no sólo una canción de amor, sino una vida, cuando en realidad ESA música no ha dejado de sonar en la radio, y él sólo te ve como una amiga con el mismo gusto musical, y no más.

Nadie me saca de la cabeza que las mujeres sobreestimamos los “pequeños detalles” y que incluso, los inventamos. Somos cursis y amamos las historias de princesas. Pero los príncipes están en peligro de extinción y nosotras no somos ni Aurora, ni Ariel, ni Blancanieves.

Para prevenir, ha dejado de mortificarme la falta de musicalización de nuestra época juntos. No tengo una canción, tengo 500 detalles que me recuerdan a ti. Nada me asegura que lo nuestro no fue sólo ilusión mia, era muy joven y uno de joven imagina muchas pendejadas. Quiero creer que me quisiste, que pasaste por aqui y que aún siguiéndote de largo, te llevaste una parte mia… y si no, lo que sí quiero creer es que ya no volverás. La pasamos bonito, aún sin canción, aún sin flores, aún con limón y sal.

Publicado en La Primera Plana