martes, 19 de febrero de 2013

Mi paz mental

Se extravió la tercera noche en su cama, entre la décima y doceava llamada, en el desayuno improvisado, en el día en el que besó mi hombro. En la cuarta película, en el olor de sus sábanas, entre sus manos tocando mi espalda, en su sonrisa, en aquel camino empedrado, en la mirada de reojo al amanecer, bajo el agua de la regadera, en ese último suspiro, en nuestras piernas entrelazadas, en el lado izquierdo de su pecho o, probablemente, en la canción que no he dejado de escuchar.

Se le vio por última vez aquella noche muy fría. Vestía ligero y se sospecha que podría estar resguardándose, con miedo de no poder regresar.

La necesito de vuelta, me hace falta, mi vida es un maldito infierno.
Si tú la tienes, devuélvemela ya.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cobardía a modo de salvación


Me encantaría ser más valiente y pedirte un tanto más, contarte que estoy obsesionada con tu pasión, con tus manos fuertes y con el efecto que tienen en mi. Ver tu cara tras confesarte que pienso en ti más de lo permitido, que tu recuerdo me tuerce las entrañas y enchina la piel. Que por ti lo dejaría todo, que estoy dispuesta a vivir de tu carne y tu locura durante el tiempo que nos alcance, aunque pierda lo poco que tengo, aunque nunca resulte suficiente.

Quisiera descubrir cómo y por qué me has traido hasta aquí, a este lugar en el que luchan a diario el deseo y la razón, a este tiempo en el que me importa tan poco lo que siempre he buscado y me quita tanto lo que nunca busqué…

Pues sí, tengo una lista grande de fijaciones, encabezada con tu nombre y relacionada con todo lo que representas. Con mucha ironía, esta cobardía es mi única salvación. 

sábado, 27 de octubre de 2012

De las cosas que salen sobrando con el tiempo


Existen cuentos de hadas que disfruto más en papel, y no es que sea una amante del autoengaño, por el contrario, mi reciente faceta de pesimista me lo tiene estrictamente prohibido, simplemente creo que el paso del tiempo y el amor se combinan de una forma seca y ordinaria.

Al crecer, las sorpresas se buscan en otros lugares, se miente a conciencia, se disfruta en presente y se evita  el futuro. Las expectativas estorban tanto como la moral, y entre todo este golpe de realidad, uno deja de buscar lo que un día tanto quiso tener.