miércoles, 23 de abril de 2014

Cantidades

Este año ha transcurrido muy rápido.
Yo he dedicado toda mi vida a ti, a la casa, al gato y al trabajo.

Mucha familia, mucho futbol, mucho de ti.
Poco gourmet, pocos amigos, poco gin.
Muchas mañanas perfectas, mucho amor que se me sale del pecho, muchas ganas de no dejarte ir jamás.
Pocas letras, muy pocas, el escaso tiempo en el que puedo escribir, cuando no estás, lo dedico a extrañarte.

¿Que si soy feliz? Inmensamente.
El amor es casi tan perfecto como el desamor.
No lo tomes a mal, a mi me gusta sufrir, pero me gusta más, muchísimo más, amarte. 
Amarte hasta que quede poquitito de mi.

Te amo, no sabes cuánto.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un adiós

Mi padre biológico murió hace algunas semanas. Jamás lo conocí, sin embargo, nunca le guardé rencor, ni anhelo... supogo que esta sanidad mental fue producto de una infancia feliz y de que con el paso de los años he obtenido cuanta cosa me he propuesto. Nada me faltó.

Crecí con el amor del hombre más extraordinario, exótico y especial del mundo: mi abuelo. Heredé de él todo lo que hacía llamativo y mitotero, hasta su voz grave. He pasado los últimos diez años tratanto de controlar toda su herencia, aunque en el fondo sé que jamás lo conseguiré.
Chaplin jamás sustituyó a mi padre, de niña fue mi mejor amigo y desde que nací, hasta el último de sus días, me quiso más que a nadie. Me eligió a mi para morir, y yo a cambio, lo elegí a él para vivir. En todo momento lo imagino con su cara de orgullo, mirándome desde el lugar en el que está, en donde seguramente, ha instalado un sindicato de difuntos inconformes.

Aún con estas circunstancias, y pese a su lejanía, la noticia de la muerte de Ramón me tomó por sorpresa. Fue un día lento, duro, doloroso. Sin explicación alguna, no pude evitar llorar, tenía un vacío en el estómago y una presión en la cabeza. Sentí mucha necesidad de ir a la iglesia y de rezar por él. Lo hice. Fue un alivio gigante.

Cuando salíamos de misa, Gerardo me compró un elote que me recordó a mi niñez, esa en la que reí  y aprendí tanto. Reflexioné sobre la suerte que tuve y que he tenido siempre, y sobre la vida simple y a la vez llena de retos que me he decidido por tener. Me di cuenta que ese hombre jamás estuvo aquí para hacerme las cosas más complicadas, le dejó a mi madre convertirme en una soñadora disciplinada. En su ausencia conocí la ambición, el esfuerzo y la perseverancia; no recuerdo nada malo derivado de que no estuviera aquí. Comencé a suponer que eso se agradece.

Nunca quise saber más de su historia con mi madre, ella tiene un pasado y muchas historias que juzgar, olvidar o perdonar, yo no. Ni aún hoy me interesa ahondar en los detalles. Esa vida no es mía, fue de ella y de él y a mi hoy no me hace bien o mal. Menos ahora.

No sabré explicar nunca lo que me provocó la partida de quien jamás estuvo aquí, pero supongo que esa frase de "la sangre llama" es muy real. Se fue el hombre que me dio la vida, y con eso, vinieron a mí las reflexiones que jamás imaginé tener. Con eso vino un adiós, que muy en el fondo, siempre guardé.
 
Gracias por la vida y por la paz. Descansa por siempre, papá

lunes, 4 de noviembre de 2013

Fallas de origen

El amor me hace llorar: el bueno, el malo, el exitoso, el fracasado, el platónico, el propio, el ajeno… en todas sus presentaciones.
Ayer leía a una de mis autoras favoritas en un viejo post sobre un amor concluído y muy dejado atrás que me conmovió muchísimo.
Sólo por saber que yo he llegado estar ahí, o que podría volverlo a estar… sólo porque existe la posibilidad de sentir todo eso, sólo por eso lloré.
Sólo por la conciencia y el absurdo pánico a perder todo lo que tengo en este instante con él.
Sólo por la certeza de vivir más feliz que nunca y pensar en nuestro futuro con más confianza que con la que pronuncio mi propio nombre.
El amor me hace llorar... Nací para derramar esas lágrimas de vez en cuando.

martes, 16 de julio de 2013

Trueque


Hace meses que no paso por aquí. El amor tocó a mi puerta y me ha quitado todo el tiempo. En realidad yo se lo entregué. Lo puse en una cajita junto con la mitad de mi pensamientos, algunas noches de sueño y un frasco de mis lágrimas. A cambio recibí las sonrisas con las que me despierto, un block de cartas de amor escritas con fea letra y al hombre cuya mirada me enchina la piel.

Es el mejor arreglo al que he llegado en mi vida.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Marina y Ulay


Tuvieron una relación amorosa intensa en los 70's. Cuando vieron que ésta se venía abajo decidieron caminar la Muralla China, cada quién desde un extremo para encontrarse en el centro, darse un fuerte abrazo y no volver a verse. Muchos años después, ella expuso en el MoMa y presentó el artista está presente, un minuto de silencio mirando a los ojos de quien quisiera sentarse frente a ella. Esto es lo que pasó cuando él llegó. 

Robado de Aquí.


Me resulta imposible no pensar en el día que te vuelva a encontrar, luego de que me decida a no volver a verte.

martes, 19 de febrero de 2013

Mi paz mental

Se extravió la tercera noche en su cama, entre la décima y doceava llamada, en el desayuno improvisado, en el día en el que besó mi hombro. En la cuarta película, en el olor de sus sábanas, entre sus manos tocando mi espalda, en su sonrisa, en aquel camino empedrado, en la mirada de reojo al amanecer, bajo el agua de la regadera, en ese último suspiro, en nuestras piernas entrelazadas, en el lado izquierdo de su pecho o, probablemente, en la canción que no he dejado de escuchar.

Se le vio por última vez aquella noche muy fría. Vestía ligero y se sospecha que podría estar resguardándose, con miedo de no poder regresar.

La necesito de vuelta, me hace falta, mi vida es un maldito infierno.
Si tú la tienes, devuélvemela ya.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cobardía a modo de salvación


Me encantaría ser más valiente y pedirte un tanto más, contarte que estoy obsesionada con tu pasión, con tus manos fuertes y con el efecto que tienen en mi. Ver tu cara tras confesarte que pienso en ti más de lo permitido, que tu recuerdo me tuerce las entrañas y enchina la piel. Que por ti lo dejaría todo, que estoy dispuesta a vivir de tu carne y tu locura durante el tiempo que nos alcance, aunque pierda lo poco que tengo, aunque nunca resulte suficiente.

Quisiera descubrir cómo y por qué me has traido hasta aquí, a este lugar en el que luchan a diario el deseo y la razón, a este tiempo en el que me importa tan poco lo que siempre he buscado y me quita tanto lo que nunca busqué…

Pues sí, tengo una lista grande de fijaciones, encabezada con tu nombre y relacionada con todo lo que representas. Con mucha ironía, esta cobardía es mi única salvación. 

sábado, 27 de octubre de 2012

De las cosas que salen sobrando con el tiempo


Existen cuentos de hadas que disfruto más en papel, y no es que sea una amante del autoengaño, por el contrario, mi reciente faceta de pesimista me lo tiene estrictamente prohibido, simplemente creo que el paso del tiempo y el amor se combinan de una forma seca y ordinaria.

Al crecer, las sorpresas se buscan en otros lugares, se miente a conciencia, se disfruta en presente y se evita  el futuro. Las expectativas estorban tanto como la moral, y entre todo este golpe de realidad, uno deja de buscar lo que un día tanto quiso tener.  

jueves, 25 de octubre de 2012

Desconocidos


Amacene apenas, y a pesar del agotamiento, hoy no puedo dormir.

Como siempre, has dejado este lugar oliendo a ti, ese olor que en los primeros minutos de la mañana se transforma en la pena de no tenerte siempre y de haberte perdido una vez más.

Avanza el día, y tras un poco de agua en la cara, la pasajera melancolía da lugar a una gran sonrisa.

La vida sigue su ritmo y el recuerdo se esfuma a sabiendas que en una de estas noches, con suerte, nos volveremos a conocer; y con suerte también, con suerte y con certeza, habrás de llevarme a ese punto tan lejano a la cordura.

Repetir el comienzo cien veces, o las veces que sean necesarias, con tal de vivir cien veces el siempre distinto y extraordinario final.

Como siempre, querido extraño, es un placer volverte a conocer. 

martes, 25 de septiembre de 2012

A Alonso Lujambio:


Aquel primer día que pisé el ITAM, cargando las decenas libros que te obligan a comprar al ingresar, y un montón de sueños, un hombre habría cambiado mi vida para siempre.

Los días en Río Hondo #1 transcurren con frialdad, pero había un aula, el SA1 en mi caso, en la todo era diferente.

Los siguientes 5 meses aprendería a respetar mi profesión, a apasionarme por la lectura, el debate y el café, pero sobre todo, a enamorarme de la Ciencia que me permitiría, al menos en potencia, darle a México lo que desde hacía mucho tiempo había deseado.
Esta historia se repite por decenas y decenas, durante varios años.

Se escribirán muchas reflexiones, jamás suficientes,  sobre las aportaciones que Alonso Lujambio le dió a este país. Pocas de ellas serán justas en algo: lo que ese brillante hombre dejó en las conciencias de los que un día fuimos sus alumnos, es un legado incalculable. Yo solo fui una más, y hoy sé que fui una privilegiada.

Desde esta trinchera del México que ayudaste a construir, me despido de ti, querido Alonso. Te agradezco por contagiarnos con tu entrega. Gracias, en lo personal, por darme el ánimo y la fuerza que un día comenzaba a perder.

Será en tu honor, colega.

Sé que un día nos volveremos a ver. Hasta entonces y hasta siempre.
PF

sábado, 22 de septiembre de 2012

Vivir en sepia


Al terminar finalmente con mi simplona historia de amor #4, se instaló aquí, por más tiempo del que debía, una incapacidad para encontrar cualidades en los demás.
Todo me aburría y nada me enamoraba lo suficiente. Ni la música, ni la ropa, ni las tardes, ni las noches, ni la playa, ni el vino, ni mi gato… ni los enemigos.
Con la sensibilidad descompuesta me di a la tarea de hacer lo que quise, sin margen de error, sin riesgo al melodrama, ni a las pérdidas.
En el camino me topé primero con el hombre prototipo de gran partido, ese al que por mutuo acuerdo decidí no conocer mejor. Un buen amante que pasaba ocasionalmente por la cama en la que cada noche soñaba con cualquier cosa, menos con él.
Luego, tenía para mí los recuerdos, reciclados, desgastados de tanto recurrir a ellos. Tenía al amor más clandestino de todos, al que la vida me dejaba tener en dosis mínimas, seguramente previniéndome de un desenlace trágico y doloroso. Finalmente, tenía para mí mis fantasías, unas cuantas cumplidas y otro montón abandonadas. Eso de vez en cuando me hacía sonreir.
El vacío y la frialdad estuvieron por varios años, fue una etapa personal en la que todo guardaba un aparente orden y una aburrición relativamente cómoda.
Por las mañanas tomaba buenas decisiones, la creatividad fluía y la seguridad sobraba. Por las noches, sin embargo, en el único espacio que reservé en mi vida para esa tarea, el amor había perdido mi respeto y se convirtió en ensayo permanente de placeres decorosos. 
Invertí mucho tiempo, suficiente, en las lecciones teóricas y prácticas que me convertirían en una mejor amante. Perdí la costumbre en todo lo demás. 
Luego, alguién llegó, y comenzó a pintar de colores los rincones. Me importaba poco, hasta que sin darme cuenta, un día dejó de ser así.
A veces recuerdo esa época sepia con mucha nostalgia. La vida era perfecta rodeada de secretos, y todo lo demás, en aquellos días, se resolvía con sencillez.